"¿Cómo puedo ser salvo?" trata sobre dónde pasaremos la eternidad una vez que nuestra vida en este mundo haya terminado. No hay asunto más importante que nuestro destino eterno.
Afortunadamente, la Biblia es abundantemente clara sobre cómo una persona puede ser salva. El carcelero de Filipos les preguntó a Pablo y a Silas: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?" (Hechos 16:30). Pablo y Silas respondieron: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:31).
Para entender cómo ser salvo, primero tenemos que entender por qué necesitamos ser salvos. Dios nos creó para tener una relación cercana con Él, pero todos hemos hecho cosas malas en algún momento, como mentir, ser egoístas o herir a otros. La Biblia llama a esto «pecado», que simplemente significa no alcanzar el estándar perfecto de Dios o desobedecer sus principios morales. Este pecado crea un muro invisible pero muy real entre nosotros y Dios, porque Él es completamente bueno y justo, y el mal no puede habitar con Él. La Biblia lo explica claramente en Romanos 3:23 diciendo: "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios". Como consecuencia de estar separados de la fuente de la vida, que es Dios, merecemos la muerte espiritual, ya que Romanos 6:23 nos advierte que "la paga del pecado es muerte".
La buena noticia —y de hecho eso es literalmente lo que significa la palabra «Evangelio»— es que Dios te ama demasiado como para dejarte en esa situación, y ha provisto una solución que no podías ganarte por ti mismo. Dios vino al mundo en forma humana a través de Jesucristo. Jesús vivió la vida perfecta que nosotros no podíamos vivir y luego, de forma voluntaria, tomó nuestro lugar. Al morir en la cruz, él asumió el castigo y pagó la condena que merecían nuestros propios errores. Romanos 5:8 lo describe de una manera hermosa: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros". Pero la historia no terminó ahí: Jesús no se quedó en la tumba, sino que resucitó, venciendo a la muerte para ofrecernos un puente seguro de regreso a Dios.
Entonces, ¿cómo puedes recibir este regalo y ser salvo? No se trata de ir a la iglesia todos los domingos, cumplir rituales o intentar ser una "buena persona", sino de confiar completamente en lo que Jesús ya hizo por ti. A esto la Biblia le llama «fe». Esta confianza va acompañada del «arrepentimiento», que no es otra cosa que un cambio de dirección: es reconocer sinceramente que has estado viviendo a tu manera, pedirle perdón a Dios, nombrando tus pecados que recuerdas y tomar la decisión de empezar a seguirle a él. La promesa de la Biblia es muy directa en Romanos 10:9: "que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo". Es un regalo absolutamente gratuito que solo debes aceptar, tal como lo resume Efesios 2:8-9: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe".
En el momento en que tomas esta decisión íntima de confiar en Jesús, ocurre una transformación profunda en tu interior. Dios perdona todo tu pasado, el muro que te separaba de él se derrumba para siempre y pasas a ser oficialmente su hijo. Tu vida adquiere un propósito nuevo, y recibes la garantía absoluta de que, cuando esta vida termine, estarás con él por toda la eternidad. 2 Corintios 5:17 lo confirma diciendo: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas". Estar salvo no significa que no tendrás problemas nunca más en tu día a día, pero significa que jamás volverás a estar solo frente a ellos, descansando en la maravillosa promesa de Juan 5:24: "El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida".